LA NUEVA RELIGIÓN…
En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la tierra y el tiempo.
Se enoja la tierra, la madre tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla. Cuando ella tiene mucha sed, rompe la vasija y la derrama.
A ella se le ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre las flores, para que viva en niño;: y para que viva el amor, los amantes entierran sus cabellos anudados.
La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje. Desde abajo de la tierra, los muertos la florecen
La Pachamama
(De memoria del fuego: Las caras y las máscaras)
Eduardo Galeano.
Debemos respetar y cuidar la naturaleza por encima de cualquier interés particular.
¿Verdaderamente estamos tan sofisticados como para creernos los dueños y patrones de la naturaleza? ¿Somos tan avanzados sólo porque nuestros taparrabos ahora no son de corteza de árbol, entonces éste ya no merece ser cuidado? ¿Tenemos algún as bajo la manga para persuadir a nuestra madre tierra cuando ésta colapse por causa de nuestro excesivo consumo? Siendo realistas, como pocas veces somos a causa de los medios de comunicación, que nos venden la idea que el mundo está mal pero no tanto como para no dejar de consumir, estamos en la recta final de la conquista que trajo consigo no sólo nuevas creencias religiosas sino nuevos conceptos económicos que persuadieron al hombre indígena para que quinientos años después siguiera contribuyendo a la manutención y desarrollo de una economía ajena, inventada para saciar la sed de explotar al prójimo y por supuesto arrasar el entorno natural, que hasta entonces había sido respetado y equilibrado hasta la llegada del nuevo mundo.
Presentamos un cuadro crítico en cuanto a salud ambiental se refiere, pero es enfermiza la naturalidad con la que nos ambientamos para hacernos creer a nosotros mismos que nada está sucediendo en el planeta. Compramos celulares, vemos más televisión degradamos nuestra humanidad con ideas, sustancias y objetos que se encuentran en función de la miseria de los miserables para enriquecer a los ricos de siempre. Claro está, que aún en estos tiempos de crisis ambiental, política, social y económica todavía existe espacio para la prédica, para que el momento de fe sea explotado y mejor nos ciñamos como soldados obedientes a un régimen eclesiástico regido por la perversión que se encuentra detrás del desperdicio de tiempo que se invierte en el seguimiento sectario de religiones que para nada promulgan un sentido de preservación hacia lo que ellos mismos consideran la máxima creación divina, escrita en la biblia con el nombre de Génesis, en cambio se entretiene al público, mientras se arma la función a cargo de los medios de comunicación para que desaparezca la verdadera cara del mundo real, en dónde el americano es el Dios todopoderoso que nos salvará del infierno antiprogresista al que estamos condenados por la acción natural de la selva previéndonos de nuevos mercados salvadores para nuestro consumo vanguardista.
Por qué no permitirles a las nuevas generaciones que proclamen libremente su fe como lo hacían sus antepasados, los mayas, aztecas, zinúes y aún como lo siguen haciendo ciertas culturas que han sobrevivido a la avalancha de los hijos del viento, rindiéndole culto a cosas reales como el sol, la luna, el maíz o el agua. ¿No es más fructífero alabar con respeto demostrado, los elementos que son tangibles y a los que obviamente debemos nuestra existencia y permanencia en este mundo?
Sin ir más allá de nuestra imaginación, para nuestra vida y supervivencia en el mundo, está el agua, el recurso más costoso e indispensable y menos apreciado para el desarrollo diario de la vida en nuestro golpeado planeta. No es el petróleo ni el oro ni los costosos minerales que fueron saqueados de nuestro territorio por extraños, ni los ejércitos de árboles plantados para agotar nuestras tierras para el goce de los holandeses, ni Mc Donalds, banalidades a las que hemos llegado a rendirle tributo, e invertirles tiempo representado en dinero para seguir cayendo en el consumismo del que ni la religión se escapa, envolviéndonos en diezmos o bendiciones hacia imágenes creadas por la infinita imaginación capitalista del occidental para distracción del hombre en general.
Por eso, si el proceso creativo e inventivo a partir de la escuela y más aún, a partir de la formación docente no se conciencia acerca del respeto real hacia la naturaleza, y especialmente hacia sus recursos naturales no renovables y prescindibles para el funcionamiento esta gran maquinaria, seguirá ocurriendo el abandono al cual está condenada la pobre América. Nuestros niños se forman bajo la dureza extrema del régimen capitalista, que nos impide guiarlos bajo un régimen naturalista en dónde los únicos beneficiados serían los que no están de parte del consumo masivo, o ¿será que ya nos dejamos contagiar lo suficiente por la sociedad de consumo que tememos al hecho de perder nuestra posición ante la sociedad del nuevo orden mundial?
Bajo la mirada del nativo americano, es ya invisible y vaga la concepción del respeto a la naturaleza, puesto que la sociedad creciente y en vía de desarrollo nos proporciona un ideal de pobreza espiritual, mental y crítica frente a las realidades ambientales, que cada vez empeora nuestra capacidad de desechar los que en verdad no es indispensable para nuestro desarrollo natural y terrenal.
Vemos como los modelos publicitarios que nos presentan los medios de comunicación, sin prever la estrategia del grandioso sistema capitalista que simplemente quiere usarnos y desecharnos, nos cobra el hecho de ponernos a su servicio sistemático, como Coca Cola, el amplio mercado tabacalero o el jet set farandulero y plástico que nos facturan la vida por nuestra militancia en las filas del terrorífico nuevo orden mundial capitalizado no sólo en la caja mágica, sino en la triste realidad familiar.
En fin estamos frente a un gran problema y no es el capitalismo, es la idea idólatra que le hemos proporcionado a éste, además de perder el tiempo en la religiosidad en general, que propende la proliferación de pastoreo y mentira alrededor de la verdadera fe del hombre, que debería tener como principio, no a una imagen o a una supuesta representación divina sino a realidades verdaderamente terrenales y tangibles como lo es el respeto y el fanatismo por el nacedero natural que es la tierra y todo lo que se compone de ella.
ELKIN MAURICIO HUERTAS OCHOA
UNIVERSIDAD LIBRE DE COLOMBIA
LIC. EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN IDIOMAS
FUNDAMENTOS LINGÜÍSTICOS – I SEMESTRE
YUPI......TE AMO
ResponderEliminarEste texto me parece bien escrito, tiene algunas cositas como la miseria de los miserables que puede mejorarse, pero en general está bien.
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